Apoyo mutuo sí, autoayuda no

Recientemente Eparquio Delgado, psicólogo y director del Centro Psicológico Rayuela , ha publicado Los libros de autoayuda ¡vaya timo!. Según sus propias palabras:

Si hay un tema que suscita adhesiones inquebrantables y críticas feroces a partes iguales es el de los libros de autoayuda. Sus defensores aseguran haber encontrado en ellos la solución a muchos de sus problemas y la ayuda necesaria para superar una situación de crisis. Por su parte, sus detractores argumentan con frecuencia que son libros simplistas, vacíos y dirigidos a personas poco inteligentes o con graves problemas de autoestima. En medio de estos dos bandos, están los que opinan que algunos libros pueden servir a algunas personas en algunas situaciones, lo que es lo mismo que no decir nada. […]

Una de las cuestiones más interesantes sobre los libros de autoayuda ha sido entender por qué hay personas que dicen que les han funcionado a pesar de la abrumadora falta de pruebas sobre su eficacia, y cómo la creencia en ellos no depende de la inteligencia del lector ni de su autoestima, sino de otros factores como el conocimiento previo que tenga sobre el comportamiento humano y su implicación a la hora de valorar los argumentos que exponen.

Resulta imposible abordar el tema de la autoayuda sin abordar el papel de los expertos en nuestra sociedad, y concretamente el mundo del coaching, que está actualmente tan de moda. […]  resultaba imposible tratar el tema de la autoayuda sin analizar en profundidad la cuestión de la felicidad, sus connotaciones religiosas y políticas y el movimiento de la “psicología positiva”, un epígrafe bajo el que encontramos a muchos profesionales vendiendo la fórmula “científica” para ser felices. […]

Desde el blog colectivo Fuera de clase José Carlos Loredo Narciandi realiza un pormenorizado análisis crítico del libro:

Eparquio Delgado denuncia el individualismo al que abocan los libros de autoayuda, que parten de la base de que los problemas de la vida se solucionan individualmente y a espaldas de condiciones socioeconómicas y luchas políticas. Ahora bien, ¿qué otra cosa hace, en general, la psicología? La única diferencia esencial es que la psicología cuenta con expertos, especialistas que tutelan la solución de los problemas de la vida. Quizá por eso muchos de ellos miran con disgusto la competencia que para ellos supone el do it yourself en que consiste la autoayuda.

Sin embargo. tanto la psicoterapia moderna como la autoayuda se alimentan del mismo caldo de cultivo cultural. Ambas se alimentan de la profundización en el yo, la búsqueda de la autenticidad individual, la autonomía personal o la responsabilización de uno mismo sobre su propia vida, relegando las referencias normativas externas que guiaban a la gente antes de la modernidad (normas morales trascendentes, valores religiosos, sentimientos densos de identidad colectiva, etc.). En este sentido, la psicología es también una forma de autoayuda, porque está diseñada para gestionar los problemas de la vida a través de técnicas, de procedimientos que cada cual aplica a sus circunstancias. O dicho al revés: la autoayuda y otras prácticas de gestión de sí mismo no son más que psicología informal. […]

Sin duda, la hipertrofia del discurso cientifista ha ayudado a la psicología a institucionalizarse hasta extremos inimaginables hace un siglo (hay psicólogos en todas partes). A pesar de lo cual, y al igual que la masa de la que hablaba Elias Canetti, cuando más crece más insaciable es, pues sigue queriendo colonizar cualquier práctica de subjetivación (como el coaching), y las que no es capaz de colonizar las condena a las tinieblas de la irracionalidad. Ahora bien, lo que casi nunca se advierte es que las prácticas psicológicas informales -las que Delgado considera pseudocientíficas- proliferan en el mismo escenario cultural que la psicología ha contribuido a montar a lo largo del siglo pasado. Sin el éxito de la psicología no se habría producido la enorme demanda social de técnicas de gestión del propio yo que hoy conocemos, entre ellas la autoayuda.

Eparquio Delgado no está sólo en sus crítcias a la autoayuda. Recientemente se publicó el demoledor Donde está mi tribu de Carolina del Olmo. Es un libro que también busca (entre otros muchos temas) denunciar como los libros de autoayuda hacen que las personas busquen soluciones individuales a problemas colectivos. Belén Gopegui reseñó el libro como una “insurrección de las secciones de autoayuda”:

Como es sabido, la ficción de los supuestos libros de autoayuda comienza en su nombre: ¿autoayuda? Cuando alguien acude a un libro no es para autoayudarse sino, precisamente, para que el libro le ayude. ¿Por qué el equívoco? Porque, a mi modo de ver, la mayoría de esos libros no aceptan la responsabilidad de ayudar, no dicen quién habla y a quiénes, ni desde qué y a qué circunstancias, todas, ni con qué intereses, necesidades y propósitos.

¿Dónde está mi tribu? es, en cambio, un libro de ayuda, o como señaló su editora, Lourdes Lucía, en la presentación, de socioayuda. Alguien de una determinada formación, procedencia social, con dudas y carencias, experiencias y certezas, nos cuenta sus indagaciones: ¿con qué que interés? El de llegar a ser esa clase de persona que comprende que, si nos ayuda, estaremos más cerca de convertirnos en una comunidad. […] En este sentido, el ensayo de Carolina del Olmo es un infiltrado y el comienzo de lo que ya imagino como una insurrección en las secciones de autoyuda de cada librería.

Su crítica a ciertas admoniciones de los expertos no se dirige sólo a su tantas veces confusa argumentación científica y a su falsa neutralidad. Hay en ella algo más intenso, hay actitud, que viene a ser como avisar: prenderé fuego a mi piano o lo tocaré con los pies, caminaré de espaldas hacia lo desconocido, pero no me haréis decir que lo que hay es necesario, ni admitiré una realidad construida con vuestra violencia que descuida, abandona y apenas nos deja ser amables con los más débiles.

Y acabaremos revindicando una de las frases más lúcidas que hemos leído en los últimos tiempos, escrita por el psiquiatra Guillermo Rendueles:

No conozco a nadie que haya ido al psicólogo y le haya preescrito la lucha solidaria contra sus males sino cuidar de sí en el marco intimista. Nadie que no haya ido y no le hayan dicho que él no puede arreglar el mundo ni tiene culpa de sus desarreglos y que se afane al carpe diem. De hecho leer un manual de autocuidado es una incitación al egoísmo y muchos de los manuales para mujeres una auténtica agresión a sentimientos altruistas: aprender a decir no, no amar demasiado, calcular bien el intercambio afectivo para no salir defraudadas. En fin, una especie de buen inversor no sólo en la bolsa sino en la casa o la cama .

Depsiquiatrizar o depsicologizar la vida cotidiana supone recuperar un saber común que antes tenía la mayoría de la gente para gestionar las situaciones de sufrimiento o conflicto sin recurrir a unos técnicas psi o una pastillas con dudosa o excesiva eficacia (las pastillas psiquiátricas son a veces demasiado eficaces y permiten tolerar situaciones intolerables adormeciendo los sentimientos que permiten cambiarlas). Para escuchar penas o aconsejar con prudencia cualquiera de nuestro entorno sirve menos un profesional psi que no comparte valores ni sentimientos y por ello los enmarcara en sistemas ideológicos de la escuela a la que pertenezca.

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