Huelga de vientres

Iniciamos la serie Anselmo Lorenzo y la ciencia, escrita por el compañero David García Aristegui. #AnselmoLorenzoYLaCiencia

Huelga de vientres

El anarquismo individualista de los proudhonianos de América del Norte encuentra, sin embargo, poco eco en las masas obreras. Los que lo profesan (principalmente intelectuales) comprenden pronto que la individualización que tanto ensalzan no es asequible por esfuerzos individuales, y o bien abandonan las filas anarquistas y se entregan al individualismo liberal de los economistas clásicos, o bien se refugian en una especie de amoralismo epicúreo, o teoría del superhombre, similar a las de Stirner y Nietzsche. La mayoría de los obreros anarquistas prefieren las ideas anarcocomunistas que han evolucionado gradualmente a partir del colectivismo anarquista de la Asociación Internacional de Trabajadores. A esta dirección pertenecen […] Eliseo Reclus, Jean Grave. Sebastian Fauré y Emilio Pouget en Francia; Enrico Malatesta y Covelli en Italia; R. Mella, A. Lorenzo y los autores, desconocidos la mayoría, de muchos excelentes manifiestos de España.

Entrada sobre Anarquismo para la Enciclopedia Británica realizada por Piotr Kropotkin

Es reciente la publicación de La mujer rebelde, un cómic dedicado a Margaret Sanger, compañera que luchó para cambiar leyes que impedían a las mujeres controlar su propio cuerpo. Sanger fue la autora de las primeras guías sobre anticoncepción, que editó y distribuyó de manera clandestina, además promover clínicas de barrio, organizar campañas informativas, impartir conferencias y escribir textos de corte neomalthusiano.

El autor del cómic La mujer rebelde es Peter Bagge. En el reportaje que le dedicó Rubén Lardín se reflejaba a Bagge cómo “un libertario, que es una opción que no tiene nada que ver con la del liberal pero tampoco con la del progresista y es en cambio el trágico destino de quien antes ha sido tal vez un idealista de izquierdas (puede incluso que un humanista o un anarquista)”. Con Lardín vemos que continúa la confusión en torno a cierto tipo de liberales que quieren presentarse como anarquistas. Sobre esta cuestión ya alertaron tanto Piotr Kropotkin (ver cita que abre el texto) como Murray Bookchin, con su excepcional Anarquismo social o anarquismo personal. Bagge es en realidad lo que denominamos en europa un “libertariano”, un tipo de anarcoliberal difícil de distinguir de algunos anarquistas individualistas.

Volviendo a Margaret Sanger , el feminismo y las polémicas en torno a las ideas de Malthus, autor de Ensayo sobre el principio de la población, llegaron al anarquismo de finales del siglo XIX y principios del XX a través de autores liberales. En la actualidad no parecen haber cambiado mucho las cosas. Porque si Piotr Kropotkin y Anselmo Lorenzo tuvieron que emplearse a fondo en combatir la influencia de las ideas liberales de Thomas Malthus, Herbert Spencer y de las lecturas erróneas de Darwin (el darwinismo social) ahora los emprendedores de Silicon Valley nos hablan de que en el seno de un internet desregulado y sin intervención de los estados todos seremos ricos y felices. A lo largo de la historia siempre ha habido muchos autores dispuestos a explicar con entusiasmo por qué hay que renunciar a la lucha de clases y tener una fe ciega en la tecnociencia.

Por desgracia, las cosas suelen ser más complejas que lo que suele reflejarse en los retratos eufóricos sobre las posibilidades del uso de internet y las nuevas tecnologías. El académico Brian Martin (casi inevitable en los textos de Ciencia para el pueblo) suele comentar en sus texto que para desarrollar una visión alternativa de la ciencia es necesario, en primer lugar, tener una visión alternativa de la sociedad. Kropotkin y Lorenzo vivieron una época en la que el anarquismo tuvo muy clara esa visión, de ahí que las discusiones en torno a la sociedad, el feminismo o la tecnociencia fueran centrales en las publicaciones y libros del movimiento libertario. Hay que recordar que el neomalthusianismo y el control de la natalidad tuvo una gran recepción en el seno del anarquismo finisecular. Una de sus propuestas más llamativas fue la llamada huelga de vientres, con textos que proponían la limitación de la natalidad y la maternidad consciente en la clase trabajadora y que era la adaptación de la grève des ventres francesa.

Luis Buffi de Quintana publicó en 1906 el panfleto La huelga de vientres, que según estimaciones recogidas en El anarquismo individualista en España (1923-1938) llegaron a editarse unos 240.000 ejemplares de éste. La huelga de vientres se comenzó a difundir a finales del siglo XIX y principios del XX en ámbitos anarquistas individualistas y neomalthusianos, que consideraban las familias numerosas pobres y la alta natalidad como un impedimento para superar la miseria y alcanzar la liberación de la mujer. Los neomalthusianos promovieron el uso de métodos anticonceptivos y la educación sexual. También muy vinculada a este anarquismo individualista fueron las propuestas, pero hoy escandalosas, relacionadas con la eugenesia. Pero ni siquiera en el seno del anarquismo individualista esas propuestas de intervención y selección de humanos generaron un gran consenso.

Anselmo Lorenzo, en cambio, pasó de ser próximo a los postulados de Spencer, los neomalthusianos y el colectivismo a formar parte de la corriente naturalista y anarcocomunista heredera de Piotr Kropotkin. Esta corriente anarcocomunista acabaría siendo la hegemónica en el anarquismo ibérico e impulsaría un proceso que finalizaría con la creación de la Confederación Nacional del Trabajo. La historiadora Dolors Marín resume así la influencia de los neomalthusianos en la CNT en El malthusianismo y la Ley del aborto en España:

Las polémicas en España se inscriben de lleno en La Revista Blanca, con una actitud de [Federica] Montseny y también de Anselmo Lorenzo favorable al natalismo, y por una actitud neomalthusiana de Ferrer Guardia, Mateo Morral, Bulffi, y la siguiente generación valenciana en torno al doctor Pastor […]. Esta tradición ligada a la planificación familiar y a la ilustración sobre el propio cuerpo, impensable en otras propuestas políticas y sindicales, hará que dentro del anarcosindicalismo español puedan encauzarse propuestas muy radicales, incluídas en otros países dentro de la militancia feminista pero que en España se vehiculan a partir del anarquismo.

En definitiva, los anarquistas individualistas y neomalthusianos, muy próximos al liberalismo, fueron perdiendo influencia en favor de las ideas reflejadas en El apoyo mutuo de Kropotkin, aunque sus ideas proto-feministas se mantuvieron dentro del movimiento. Más de un siglo después, nos encontramos de nuevo con influencias liberales en el anarquismo. Ahora que ideas neoliberales vuelven a tener un profundo impacto en las prácticas científicas en general algunos anarquistas ven con buenos ojos el desmantelamiento de los servicios públicos. El neoliberalismo, recordemos, busca un peculiar desmantelamiento del estado, pero por razones opuestas a la de los anarquistas tanto individualistas como anarcocomunistas. Por tanto, es muy conveniente recuperar las posturas sobre ciencia y progreso de autores como Anselmo Lorenzo, ya que sus ideas pueden ser herramientas útiles al movimiento libertario en ese campo de batalla contra el capitalismo que es la ciencia.

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