Ciencia y anarquismo

Seguimos la serie Anselmo Lorenzo y la ciencia, podeis seguirla en Twitter en #AnselmoLorenzoYLaCiencia Previamente vimos la Huelga de vientres.

Ciencia y anarquismo

El anarquismo de Spencer es de un individualismo positivo que se integra en el comunismo. Spencer odiaba la absorción del individuo por la sociedad: quería la independencia absoluta del yo; quería que el individuo fuera uno. Pero no quería que fuera solo. El individuo, según Spencer, debe desenvolver por completo su temperamento en el concierto de los demás individuos. La sociedad, en consecuencia, debe ser un conjunto de individuos libres, en el cual conserve cada uno aquellas modalidades que lo diferencien de los otros. Que el individuo no destruya la sociedad; que la sociedad no denigre al individuo; he ahí la formula. ¡Cuán lejos se halla este individualismo del individualismo necio e inflado que preconizaban Schopenhauer y Nietzsche!

Julio Camba en un artículo aparecido en ¡Oh, justo, sutil y poderoso veneno! Los escritos de la anarquía.

Sorprende a día de hoy comprobar cómo sectores del anarquismo previos a la existencia de la CNT escribieran loas a personajes como Herbert Spencer, uno de los máximos exponentes del llamado darwinismo social, aunque en realidad estuviera más influenciado por los trabajos de Lamarck. De hecho, Spencer inspiró y formó parte de la Liberty and Property Defence League (LPDL), un grupo de presión de industriales y propietarios alarmados por el auge del socialismo y el sindicalismo. En su libro La ideología política del anarquismo español (1868-1910) José Álvarez Junco resume esta extraña relación (al menos desde el anarquismo europeo actual) entre liberalismo clásico y anarquismo emergente:

El positivismo puede interpretarse hoy como doctrina de carácter conservador, racionalizadora y estabilizadora del orden social tras la Revolución francesa, pero en la España de fin de siglo […] se enfrentaba a una fuerte oposición en los medios conservadores. […] Los nombres de Comte y, sobre todo, Spencer -cuya mezcla de evolucionismo y positivismo alcanzó inmensa popularidad- aparecen citados con frecuencia en los textos ácratas.

Por otra parte, como relata Francisco Blázquez Pania en Breve historia del darwinismo en España: “las ideas de Darwin llegaron tarde y durante gran parte de su historia fueron más una cuestión ideológica que científica. […] El origen del hombre (1872) apareció por primera vez en castellano en 1876, y la primera versión completa de El origen de las especies (1859) vio la luz en 1877, dieciocho años después de su aparición en Inglaterra”. De hecho, por problemas con la Iglesia las obras de Darwin no se publicaron con regularidad hasta bien entrado el siglo XX. Esto propició situaciones pintorescas: un grupo de estudiantes de medicina de la Universidad de Valencia organizó un acto de homenaje a Darwin con motivo del centenario de su nacimiento en 1909. El acto fue precedido por una intensa polémica en prensa y finalmente asistió Miguel de Unamuno como ponente, pero para hablar de evolución desde la perspectiva de… Herbert Spencer, del que había traducido varios textos.

La recepción del darwinismo en el movimiento libertario la estudió en profundidad Álvaro Girón Sierra en La economía moral de la naturaleza: darwinismo por la existencia en el anaquismo español (1882-1914). Ahí se refleja como el anarquismo pasó de asumir un “darwinismo social laxo”, entendido como un evolucionismo que asume como motor la lucha por la existencia, a ser influenciado progresivamente por las ideas de Kropotkin y el apoyo mutuo. Frank Mintz resume este proceso así:

El pensamiento de Kropotkin penetró en España a través del concepto de comunismo libertario (de cada uno según sus necesidades) que suplantó el colectivismo de Bakunin (de cada uno según su trabajo). […] A la inversa de las de Bakunin, las obras de Kropotkin tuvieron una amplia difusión en castellano. […] Anselmo Lorenzo, organizador importante y ex miembro del núcleo inicial de la Internacional en España en 1868, adoptaba las concepciones de Kropotkin y las defendía en sus escritos, en particular con una biografía de Kropotkin (un folleto) y el libro El Pueblo, para el cual Kropotkin escribió una introducción en 1909.

Para Girón Sierra la figura de Anselmo Lorenzo también es crucial en el vuelco que se produjo en el anarquismo respecto a sus posturas sobre la naturaleza y la evolución, pasando de Spencer a Kropotkin:

[…] los libertarios españoles […] a partir de mediados de los años 1880 hacen patente su rechazo a lo que llaman teoría de la lucha por la existencia […] El punto de partida, sobre todo en los artículos firmados por el patriarca del anarquismo español, Anselmo Lorenzo, solía ser un eco parcial del famoso debate sostenido en 1877 por Rudolf Virchow y Ernst Haeckel […]: las jerarquías sociales no son otra cosa sino la proyección de las jerarquías naturales; los intentos del socialismo de establecer un equilibrio artificial entre fuertes y débiles conduce directamente a la sobrerreproducción de los últimos y, por tanto, a la degeneración de la especie• Los anarquistas españoles [como Anselmo Lorenzo] perciben estos argumentos como un nuevo dogma, una especie de nueva teología legitimadora de la desigualdad basada en la Ciencia.

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