¡Cosa horríbile! ¡spaventosa!

Nueva entrada la serie Anselmo Lorenzo y la ciencia, podeis seguirla en Twitter en #AnselmoLorenzoYLaCiencia Previamente vimos la Huelga de vientres y Ciencia y anarquismo.

¡Cosa horríbile! ¡spaventosa!

En su consecuencia, la ciencia que adquieran los que no tratan de explotar a nadie y sólo pretenden librarse de la explotación, será la verdadera ciencia, la ciencia igualitaria y justiciera: ese honor corresponde a la ciencia obrera, y si este calificativo parece poco adecuado, en virtud del estado de ignorancia en que se ha pretendido sumir eternamente a los trabajadores, y también porque denomina una de las actuales clases sociales, tiene en su apoyo la constitución como cuerpo revolucionario pensante y militante del proletariado, y la seguridad de que la sociedad ultrarevolucionaria dará la ciencia desde la primera edad a todos los miembros sociales, que para tener el derecho de tales han de ser todos productores.

Anselmo Lorenzo en “Ciencia burguesa y ciencia obrera”, aparecido en Acracia (1887).

En los dos volúmenes El proletariado militante, la obra cumbre de Anselmo Lorenzo, quedó claro que la preocupación por el conocimiento y la ciencia fue algo central en el despegue del socialismo y el anarquismo español. En una de las partes más divertidas e inolvidables del libro se relata la visita a España del anarquista de la Primera Internacional Giuseppe Fanelli:

había que verle y oírle describiendo el estado del trabajador, privado de los medios de subsistencia por falta de trabajo a causa del exceso de producción; después de exponer con riqueza de detalles la desesperación de la miseria, con rasgos que me recordaban al trágico Rosi, a quien tuve el gusto de admirar poco tiempo antes, decía: – ¡Cosa horríbile! ¡spaventosa! y sentíamos escalofríos y estremecimientos de horror.

Debido a las luchas fraticidas que posteriormente se produjeron entre partidarios de Marx y Bakunin en la Internacional hay un aspecto de la visita que suele ser obviado pero que se refleja en el libro: los materiales que dejó Fanelli fueron básicamente textos de Karl Marx. Entre ellos, este texto de Marx que Lorenzo citaba y comentaba:

“ni el desarrollo de la maquinaria, ni los descubrimientos químicos, ni la aplicación de la ciencia a la producción, ni el aumento y mejora de los medios de comunicación, ni la emigración a nuevas colonias, ni la apertura de mercados, ni el libre cambio, ni todas estas cosas juntas pueden librar de la miseria a los trabajadores, antes al contrario, en la organización social presente cada nuevo desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo tiende fatalmente a aumentar la diferencia de clases, la desigualdad” (Karl Marx).

En el primer volumen de El proletariado militante también se recuperan partes de los históricos discursos que Anselmo Lorenzo dió en la Bolsa, donde ya daba una gran importancia al acceso a la universidad y suponía un aviso aviso a los académicos en caso de que no se posicionaran a favor de la revolución social:

vosotros poseéis la ciencia de que nosotros carecemos, porque mientras erais libres para acudir a la universidad, nosotros estábamos en el taller y en la fábrica sujetos al yugo de la necesidad, y con la ciencia tenéis el tiempo, y como una restitución a las generaciones pasadas, y como una satisfacción a los que sufren en lo presente, y como una justificación ante las generaciones de lo porvenir, debéis llevar adelante la obra de la revolución que es la de la justicia. Si con esas obligaciones y con esos medios quedaseis estacionarios, la revolución se hará a pesar vuestro y en vuestro perjuicio, porque lo que vosotros no hagáis como sabios en donde quiera que sea vuestra esfera de acción, nosotros lo haremos revolucionariamente en las barricadas.

En 1871, que recordemos es el turbulento año de la Comuna de París y la ilegalización de la Internacional, es patente en las páginas de El proletariado militante la importancia para Lorenzo del acceso al conocimiento y la ciencia, con una mención explícita al objetivo de acabar con la discriminación de la mujer en la educación:

queremos la enseñanza integral para todos los individuos de ambos sexos en todos los grados del la ciencia, de la industria y de las artes, a fin de que desaparezcan estas desigualdades intelectuales, en su casi totalidad ficticias, y que los efectos destructores que la división del trabajo produce en la inteligencia de los obreros, no vuelvan a reproducirse.

En el segundo volumen ya póstumo de El proletariado… se reflejan las ideas sobre ciencia de otro marxista, Paul Lafargue. Con vistas al Congreso de Zaragoza de la Internacional Lafargue redactó, con la ayuda de Anselmo Lorenzo, una brillante crítica a la forma burguesa de progreso:

así, merced a la forma burguesa de la propiedad, todas las aplicaciones de la ciencia moderna a la producción en sus diversas manifestaciones agrícolas e industriales no hacen sino dar a los capitalistas nuevas armas para aumentar su poder tiránico sobre un número cada vez creciente de proletarios. A esto llaman progreso los burgueses.

Más adelante, en esa segunda parte se incide en la idea de cómo la exclusión de la clase trabajadora de las escuelas y la academia es un magnífico instrumento de control social:

La fuerza intelectual de que la burguesía dispone, supone la necesidad de la debilidad intelectual de la clase obrera. Para que esta fuerza y esta debilidad existan ha convertido la enseñanza en un privilegio social con lo cual resulta necesariamente la ignorancia de los trabajadores. En efecto, sólo pueden ir a la Universidad aquellos cuyas condiciones sociales les permiten poder pagar las matrículas, comprar los libros y sobre todo eximirse del deber de trabajar; […] Así la ignorancia de la clase trabajadora es un elemento constitutivo del actual orden social.

Finalmente, El proletariado… plantea uno de los antecedentes directos de las actuales campañas a favor del conocimiento libre: “todos estos bienes intelectuales y materiales no son la propiedad de nadie; constituyen la herencia universal, y a esta herencia tiene derecho la generación presente sin limitación ni exclusión alguna”.

Queremos acabar este apartado resaltando que en las últimas páginas del texto hay un emotivo recuerdo de las conmemoraciones que los internacionalistas hacían de la Comuna de París, que es también uno de los mejores homenajes a la ciencia obrera:

Compañeros: Conmemoremos el aniversario de la Comuna; aprendamos en sus desastres; no olvidemos que el rencor de una clase rapaz y egoísta ha sacrificado millares de millares de nuestros hermanos; recordemos que lo que nos concede de vida es para arrancárnoslo en las tenebrosidades de una profunda mina o por el aire corrompido de mefíticos talleres; tengamos presente que es otro vampiro y que sólo vive de la sangre que nos chupa … […] Queremos la ciencia, no tu fe. Queremos la propiedad colectiva, no tu pillaje individual. Queremos la instrucción, no tu imbécil catecismo.

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